sábado, 15 de marzo de 2014

No puede ser.

No puede ser que un pibe suba a un colectivo con ansias de trabajar y que suba otro que quiere vivir fácil y lo mate. No puede ser que el Estado Argentino, que tiene la obligación de proteger a los ciudadanos, esté pensando en que las causas que motivaron al asesino a que se produzcan los hechos, justifican la acción y no en las trágicas e irreversibles consecuencias que estas acciones provocan. No puede ser que se mida con distinta vara a la víctima que al victimario. No puede ser que se culpe a la sociedad toda por los malos hábitos de algunos. No puede ser que yo esté sentenciado a muerte en cualquier esquina, porque en mi País haya personas que creen que los asesinos se arrepienten si los tratan con benevolencia. No puede ser que mientras suceden estas cosas, haya personas que patean en contra del bienestar general y la defensa común, que en vez de encerrar y controlar a estos sujetos, los mantengan de vacaciones hasta que en poco tiempo el sistema les permita seguir con sus actividades delictivas y reincidir cuantas veces puedan. No puede ser que yo esté escribiendo esto porque haya personas que estén tan sumergidas en los vericuetos del derecho que ya hayan perdido el rumbo y el sentido común, queriendo “Sacarle las balas” a nuestro Código Civil, única arma que tenemos para la defensa y protección de los ciudadanos de buena conducta. No puede ser que esas balas se las den a los criminales para que nos maten por nada. Señores funcionarios, bajen de el pedestal en el que creen estar, no sigamos sacrificando vidas de personas decentes, ¡No estamos en guerra! ¿O sí?